miércoles, abril 22, 2015

Estoy, del verbo ni-triste-ni-contenta.

I

A veces, simplemente, 
no estoy ni triste ni contenta, 
si no llena de tantas dudas que si las vaciara todas 
podría crear un mar de incógnitas. 

A veces, las dudas 
no pueden compartirse, 
no puedo ponerles palabras 
porque no conozco suficientes 
idiomas para hacerlo. 

A veces, simplemente, 
no tengo la suficiente voz. 


II

A veces, sólo está ese gran vacío 
que creo tan lleno y 
que rebalsa de tanta nada, 
y a veces el sentimiento de la duda 
aparece sin más y me descoloca 
de mi vida de pausas prolongadas 
y huidas, y cae la madrugada 
—como ahora—
y así es como termino dándome cuenta 
de que si no hay respuestas 
es porque no hay preguntas. 

Que todos son invenciones 
y yo tal mentirosa que llego a creérmelas; 
tan actriz que finjo que sí lo hago. 

No lo sé. 

A veces, simplemente, 
no estoy ni triste ni contenta, 
y tengo las costillas llenas de dudas 
que no existen y que me hacen dudar, 
y a veces tengo sed 
(una sed angustiosa) 
y bebo y bebo, pero 
mi garganta sigue estando rasposa. 

Y cae la madrugada 
—como ahora—
y así es como termino dándome cuenta 
de que la duda, es la ventaja del débil 
para seguir en la batalla. 

Que la perdición 
no son los pasos que damos en falso, 
si no los que no nos atrevemos a dar 
por miedo al fallo, 
irreparable, incondicional; 
al suicidio emocional. 


III

Pero vivos, luchando, 
así es como salimos ganando. 
Y yo que sé.

A veces solo estoy, 
y no sé si lo que digo tiene sentido. 

Pero estoy y sé 
que yo lo tengo.

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¿Escupes o tragas? Sentimientos, digo.

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