I
A veces, simplemente,
no estoy ni triste ni contenta,
si no llena de tantas dudas que si las vaciara todas
podría crear un mar de incógnitas.
A veces, las dudas
no pueden compartirse,
no puedo ponerles palabras
porque no conozco suficientes
idiomas para hacerlo.
A veces, simplemente,
no tengo la suficiente voz.
II
A veces, sólo está ese gran vacío
que creo tan lleno y
que rebalsa de tanta nada,
y a veces el sentimiento de la duda
aparece sin más y me descoloca
de mi vida de pausas prolongadas
y huidas, y cae la madrugada
—como ahora—
y así es como termino dándome cuenta
de que si no hay respuestas
es porque no hay preguntas.
Que todos son invenciones
y yo tal mentirosa que llego a creérmelas;
tan actriz que finjo que sí lo hago.
No lo sé.
A veces, simplemente,
no estoy ni triste ni contenta,
y tengo las costillas llenas de dudas
que no existen y que me hacen dudar,
y a veces tengo sed
(una sed angustiosa)
y bebo y bebo, pero
mi garganta sigue estando rasposa.
Y cae la madrugada
—como ahora—
y así es como termino dándome cuenta
de que la duda, es la ventaja del débil
para seguir en la batalla.
Que la perdición
no son los pasos que damos en falso,
si no los que no nos atrevemos a dar
por miedo al fallo,
irreparable, incondicional;
al suicidio emocional.
III
Pero vivos, luchando,
así es como salimos ganando.
Y yo que sé.
A veces solo estoy,
y no sé si lo que digo tiene sentido.
Pero estoy y sé
que yo lo tengo.

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¿Escupes o tragas? Sentimientos, digo.