Estaba demasiado cansada.
Me dejé arrastrar
y la marea hizo el resto.
Fue así como la orilla
me recibió como a una vieja amiga
y el mar me curó las heridas
con espuma.
Recuerdo que
aquél día
mis lágrimas eran dulces.
Todo hasta entonces
había sido demasiado salado,
demasiado agrio,
y lloré con la tranquilidad
del que dice adiós
sabiendo que no será para siempre.


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¿Escupes o tragas? Sentimientos, digo.