jueves, febrero 14, 2013

Déjame que te sueñe.

¿No te resulta irónico ser la persona más cercana a mi y que,
sin embargo,
sólo te tenga cerca en sueños


Y cómo solo en sueños puedo respirarte sin dolerme, déjame que te sueñe. Que ya sabes lo difícil que se me hace últimamente dormir y despertar a salvo de pesadillas, pero, por suerte, tengo una gran imaginación que me hace creer que nada podrá pasarme teniéndote al otro lado del colchón. (Y ojalá se hiciera realidad, que mis sábanas te echan de menos aún cuando nunca te han arropado). Tengo que confesarte que enamorabas (más aún) en este último sueño, que... bueno, ya sabes el efecto que causáis tú y tú sonrisa en mí. Y qué vértigo se me metía en la boca del estómago cuando entrelazabas tus dedos con los míos. Y la verdad, es que mis ojeras son más bonitas cuando me voy a dormir pasada la madrugada por haberme quedado pensando en ti y en todo lo que podríamos ser. Y si, también en qué sería de mí sin ti. Que a pesar de que le quites importancia diciendo que no habrá un sintigono es ninguna estupidez. Que ya te escribo sin motivo, escribirte por escribir, y creo que es la mayor de las adicciones. Tú. Y todas las emociones que traes contigo. Que ya me he acostumbrado a ti, mi vida. Que desde que te pedí que cuidaras de mi corazón se ha enredado en tu espalda y ya no hay marcha atrás, al fin y al cabo, no soy yo la que decide, si no el que me ha dejado un vacío en la parte izquierda del pecho. Me he acostumbrado a dormirme con tus buenas noches y a despertarme los fines de semana con tus buenos días, aunque ahora el marmota seas tú, aunque en realidad solo quiero despertarte a besos por la mañana y que me ruegues que me quede un ratito más con voz de niño pequeño y que yo repita con voz de mamá que hay que levantarse para desayunar -aunque no sea yo la primera en levantarme del colchón-, aunque en realidad me despierte solo porque creo que ese, por fin, será el día en que te abrace... Aunque siga sintiéndome una completa imbécil con cada línea que te escribo, pero tú no puedes entenderme, porque no te has escuchado reír después de decirme que me quieres, y tampoco has visto la sonrisa de tonta que me cuelga de los labios cuando eso pasa. Ojalá Alejandro o Claudia tengan la sonrisa de su padre, o no, mejor no, que no está bien eso de enamorarse de tres personas a la vez. ¡Qué locura! Porque si, porque todo esto es una locura, (¿y qué se puede esperar de dos locos?)

Anda, déjame que te sueñe, que de sueños, también se vive.


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¿Escupes o tragas? Sentimientos, digo.

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