¿Sabes qué?
Voy a escribir
lo que no me atrevo a decirte,
esconderé estas letras en algún lugar
diciéndome que no las encontrarás,
cuando sé que no hay rincones ya en mi
que puedan escapar de tus manos.
Tus manos.
Entreliadas con mis dedos,
con mi pelo, con mi cuello.
Tan grandes al lado de las mías,
siempre hambrientas por abarcar más.
Tus manos, que me hacen reír
y temblar cuando llega el frío
-aunque siempre me lo quitan.
Mis medias están rotas,
por primera vez no van a juego
con mi corazón.
Que ya no es mío,
que ya no es nada más
que este manojo de nervios
y letras que intentan ser poesía,
que solo hablan de ti,
pero que son lo mismo.
Qué desastre, cariño...
todo perdido de ganas
y ropas que ya no uso
porque me desnudaste
aunque no me llevaras a la cama.
Qué desastre mis uñas
que se hunden en ti y tiran
para así susurrarte entre saliva
que te he echado de menos,
aún cuando no te habías ido.
Yo también te miro, ¿sabes?
Te miro y suspiro
y pienso que eres infinito
y puedo jurar que lo eres
con esa risa traviesa
pegada a mi mejilla,
el va y ven de tus ojos
curiosos, y esa nariz
respingona que acaricia
la mía buscándo-
me un beso.
Yo también te miro, cariño.
Te miro
y no puedo
dejar de hacerlo.
Te miro
y joder
no quiero
dejar de hacerlo.
Me dijiste
bajito
que podrías quedarte
allí, así, aquí,
toda tu vida.
Yo susurré
"ojalá no dejara de llover"
y aunque no lo escuchaste
besaste mi frente, respiraste
hondo, como queriendo
resguardar la última gota
de mi perfume de mango
y yo sonreí, porque lo sabía,
l o s a b í a.
Y entonces me pregunté
qué hubiera pasado
si hubiera dejado de llover,
qué hubiera pasado
si no hubiera tenido una excusa
para besarte.
Qué
si no hubiera echado mis manos
sobre tus hombros, incapaz
de esperar a que dieras aquél paso
que se antojaba tan insalvable.
Qué
si ahora no supiera cómo
te sabe lo que me quieres.
Qué
si no pudiera clavar mis uñas
en ninguna parte, y no pudiera
salvar mis secretos en tus labios,
y el desastre fuera el librar
la peor de las batallas:
la ausencia de algo
que no ha llegado
todavía.
Y tiemblo
cuando no estás
y agradezco
mis veinte segundos
de impulsividad
de estupidez
de valentía
de cobardía.
Porque ahora
tiemblo, cariño,
joder que si tiemblo,
joder que si tengo miedos
y fantasmas que me pisan los talones,
pero sé que tú serás el primero en hacerlo,
y yo la primera en quejarme
de que tengo los pies pequeños,
sé que tu risa será
la banda sonora, y tus manos
recorriéndome las medias rotas,
mi corazón sin ir a juego,
el temblor que no será
ni de miedo
ni de frío
y mi risa al mirarte
y saberte infinito
y jurarte que lo eres
y poder pero no querer
dejar de mirarte.
¿Sabes qué?
Voy a escribir
lo que no me atrevo a decirte,
y es que desde que te conozco
todos mis finales son principios
que no precipicios
y ¿sabes qué?
acabar cualquier cosa es un sinsentido
sabiendo que sigo teniendo
más cosas que decirte
y que no me atrevo
y mas risas bajitas
que echar contra tu cuello,
uno en donde quiero
que esparzan mis cenizas.
Ni si quiera sé
pronunciar tu nombre,
pero te quiero.
Joder si te quiero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Escupes o tragas? Sentimientos, digo.