sábado, junio 14, 2014

A mi madre.


Shhht... 
despacio, 
que tenemos que recoger 
todo este desorden, 
y es tan bonito, 
que temo que 
si nos apresuramos 
podemos romperlo. 

Soy como de puntillas, 
como de repente, 
como de olor a lluvia. 

Estoy aquí. 

Me enrosco en ti, 
respiro contigo, 
vivo contigo. 

Estoy aquí. 

Bailo cuando me muevo,
huelo a melocotones, 
a ti, a nosotras. 

Solo tú puedes olerme 
como yo me huelo. 

Empuja y vérsame, 
empuja y déjame morir. 

Me retuerzo 
y muero, 
te retuerces 
y gritas, 
me retuerzo 
y vivo, 
te retuerces 
y vuelves a gritar. 

Aquí no hay líneas divisorias, 
no hay blancos ni negros, 
hay todos, hay nadas. 

Ahora o nunca, 
no temas por mí,
vivo y muero aquí dentro,
déjame salir,
empuja,
estréchame en tus brazos
que son mi hogar
ahora y siempre.

Mírame. 

Yo tan pequeña, 
insignificante, 
pero enorme ante tus ojos azabaches. 

Brillo, 
río cuando lloro. 

Todo huele a vida, 
no hay tristeza, 
mi corazón es apenas un colibrí entre mis costillas, 
el tuyo puedo notarlo a través de tu piel, 
intenso, fuerte, valiente. 

Sólo yo sé cómo 
y por quién late, 
sólo yo, sólo yo. 

Me darás la vida todos los días, 
y yo seguiré creyendo cada uno de ellos 
que es imposible que algo tan grande 
pueda caber bajo esa piel, 
tan fina, tan de papel. 

Eso que dice que te envuelve
pero que yo no termino de creérmelo,
porque yo te he visto de verdad,
en ese instante,
desnuda
pero vestida.

Arrópame, 
destápame, 
bésame, 
róbame el beso, 
ámame,
ódiame si así lo quieres: 
pero 
no me empujes 
lejos de ti 
nunca más. 

Nunca 
más.

No sólo me has crecido nueve meses,
no sólo me has nacido una vez.

Has hecho cosas
que nadie más ha hecho.

Y por eso te quiero,
mamá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Escupes o tragas? Sentimientos, digo.

Small Cute Blue Gray Pointer