Caminaba pero
no
sabía
dónde
iba,
como siempre.
Me encontré con muchos ojos; despistados, curiosos, vacíos, llenos, esperanzadores y desesperanzadores pero... pero ninguno eran los tuyos. Y mira que yo los buscaba más incluso de lo que pretendía buscarme a mí. Demasiado ruido, demasiadas luces, demasiada carretera, demasiados coches, demasiada gente, demasiado para mí y mis vacíos, esos que estaban medio llenos de los tuyos y medio llenos de mis echarte de menos continuos. Y es que buscaba ojos y sonrisas de desconocidos con la esperanza de, quizás, encontrar algo que se asemejara a ti, pero. Pero no eran más que desconocidos. Pero. Te busco donde no hay, donde no estás. Y quiero que estés, quiero estar, quiero que estemos. Querer es poder, decían, y mira que yo te quiero eh...
Aún así, soy consciente de que no te conozco en absoluto.
Que todo son trucos de magia barata que me crean dudas y un sin fin de sentimientos que no son más que polvo de hadas que podría desaparecer al mínimo soplo de aire. Que lo que sé de ti es lo que tú quieres que vea y lo que yo quiero imaginar que eres. Eres un inconsciente ilusionista, sé que son solo trucos, que nada es real, que no hay nada factible hasta que no llegue ese día, pero es que provocas tanta magia en mí, llenas tanto vacío con otros vacíos... que quiero creer que no es polvo, que no es truco, que no eres tú, que no soy yo; que somos nosotros. Que quiero creer que te conozco, que sé de ti más que nadie, y de nuevo; querer no es poder.
Pero por ti... no me importaría meterme sin anestesia en una operación a corazón abierto, sin segundas vidas, sin comodines. No me importaría empezar a conocerte de nuevo. Y no te negaré que da miedo, que da muchísimo miedo esto de ser un imaginario el uno del otro, que nos hemos idealizado, y que eso es una línea tan fina y frágil que podría romperse si descubrimos que no somos lo que creíamos ser. Tengo miedo de que no seas lo que creo que eres. Tengo miedo de no ser lo que crees que soy.
Pero si todo es un truco, yo quiero poner en práctica otro en un intento de que siempre perdure la magia. Quiero poner en práctica otro para no pensar en lo que pienso, en lo que me nubla la mente y no me deja ver que, el semáforo está casi tan rojo como mis ojos y aún así, yo estoy cruzando. Así que supongamos que no es amor, que no es nada, que no somos nada más que un puñado de palabras y trucos baratos que atraen latidos desesperados a la función. Supongamos que no te echo de menos, supongamos que ni tú me desordenaste ni yo te ordené, supongamos que ni yo pregunté ni tú prometiste, supongamos que ni tú me llenaste ni yo te vacié, supongamos que ni yo destruí ni tú creaste.
Supongamos que el miedo no existe. Supongamos que no hay nada que perder, que no vamos a perder. Supongamos, por unos instantes, que cuando nuestras miradas se encuentren, vamos a empezar a querernos por segunda vez.


Muy muy bonito, un beso.
ResponderEliminarEleienete.