02:00 am
Hola Nadie, me gustaría poder decirte que me alegra el escribirte esta noche, pero... tú sabes que cuando te busco, las cosas no van del todo bien. Verás, hace tan solo media hora que él se ha quedado dormido y yo ya comienzo a notar ese extraño malestar bailándome en la boca del estómago. Mis mariposas nunca estuvieron ahí. Quizás sólo sean avispas que me pican cuando presiento que algo va a ir mal. Sé que esta noche va a ser dificil, más dificil que la anterior, y aunque tenga el despertador puesto a las cinco y seis de la mañana, no me despido de ti, porque estoy segura, de que esta vez, no va a ser la única que me leerás esta noche.
(Yo y las noches de tormenta no nos llevamos muy bien).
03:28 am
Estoy, como hacia mucho tiempo no me pasaba, viendo cada hora marcada por la manecilla del reloj. Cada tic-tac parece eterno... cómo si no fuese a terminar nunca. Llevo tres pastillas y una tila, no pienso tomar drogas en la vida, ya tengo suficiente con la cantidad de analgésicos que tomo, simplemente para estar más ida que venida (y que así el dolor no me entumezca) (de veras que no dramatizo). Todo parece tan estúpidamente patético que casi puedo reírme de mi misma. Casi. Estoy arrullada en mantas, más en el suelo que en la cama, con el pelo hecho una leonera y las manos frías. Muy frías. Me llega la corriente hasta aquí, la lluvia humedece el ambiente y, lo único bueno del viento, es que huele a tierra mojada y puedo decir que es lo que me mantiene cuerda, lo que me mantiene sujeta y no hace que comience a delirar. Y ya sabes lo imbéciles que son mis delirios, lo trágicamente poéticos que se hacen... y lo mucho que llegan a dolerme. Ay. Ojalá no se me metan los miedos en los ojos, que después no puedo sacarlos, tan molestos... y pasa lo que pasa. Que se me caen las lágrimas.
04:52 am
No quiero ni pensar en cómo estaré mañana cuando suene el despertador. Pero no hace falta imaginar demasiado. Estaré hecha una puta mierda. Pero por ahora eso me importa exactamente igual que el cómo estaré al despertar. Me desesperan las vueltas en la cama y te escribo desde un portal de la calle, refugiada en mitad de una tormenta que sería bonita, si no fuera porque las calles están demasiado oscuras, y frías, y porque no tengo aquí a nadie a quién besar bajo la lluvia. Pero me equivoco, porque si hay alguien, un perro callejero que se parece a un pastor alemán, yace en el suelo, empapado, un poco más allá de mi portal, bajo lo que parece ser, un camión. Llevo aquí casi media hora, y llevamos exactamente ese tiempo mirándonos. No soy una agradable compañía, pero parece que le agrado, no sé, está más allí que aquí, adormilado, (cómo si fuera él el que se hubiese tomado todas esas pastillas...) pero de eso se trata, al fin y al cabo. Estoy como el animal, y no me entero muy bien de lo que pasa. No sé porque he huido de la habitación, lo necesitaba, no sé, pero con toda esta agua no me siento menos encerrada... me siento medio ahogada, atragantada con tantas y tantas cosas qué. Creo que volveré a casa. Si, será lo mejor. La Lluvia no me hace ningún bien...
Sólo me pone nostálgica.
05:12 am
Dios... qué sensación más horrible. Todo acaba de chocarme de golpe, como si antes no hubiese estado ahí o, como si de repente, hubiese dejado de ignorarlo. Joder. Los cristales se me han clavado en el pecho, en la garganta, en las clavículas... En alguna parte, no muy lejos de mi corazón. Lo hago todo mal, ¿verdad? Verdad. No hago más que cagarla, a cada paso que doy tres son los que retrocedo. Cómo escuecen las verdades. Demasiadas murallas y demasiadas capas, (qué ingenua) pensé que nunca se me vendrían encima. No, no me sale nada bien. ¿Puede alguien explicarme cómo lo hace para no dolerse? No, nadie. Aquí no hay nadie. Solo yo escuchando los llantos de un bebé despertándose porque tiene hambre, la lluvia y ese maldito silencio que se clava en los oídos y se te mete en la cabeza como una puta canción que no para de sonar. Una y otra y otra vez.
Silencio.
Vacíos.
Silencio.
Vacíos.
Silencio.
Vacíos.
Tanto hueco es lo que no me deja dormir. Dios. Qué noche de pesadillas más horrible. Pesadillas con los ojos abiertos, que son las peores. Dios. Qué horroroso parece todo. Cuántas sombras hay en mi casa... hago juego con cada una de ellas. Estoy igual de apagada. No sé como puedo escribir con los dedos congelados. Tacho y escribo, tacho y escribo. No sé como explicarte lo que me escuece en este momento la lluvia que se escucha allí fuera. Bah. Para ti sólo sangro tinta sin sentido, pero dentro mía no paro de sangrar, de sangrar pedazos de mí que... no podré recuperar jamás.
He ignorado la alarma.
06:22 am
La segunda alarma a sonado hace, lo que parece ser, mucho tiempo. No me pongo a contar porque no puedo sentar cabeza. Perdona si hablo más de la cuenta o si callo más de lo que debería. Mentalmente estoy agotada y, sin embargo, no hay manera de que concilie el sueño. Tiemblo, no dejo de temblar. Fuera la lluvia se hace cada vez más fuerte y truena. En mitad del silencio me he arrastrado hasta el sofá y ahora parezco medio-moribunda asomándome a la ventana. Mi abuela siempre dice que en las tormentas los pies no deben tocar el suelo. No sé qué parte de esos cuentos tendrán razón pero yo por si acaso, le hago caso. No dejo de mirar la ventana (intercalo la mirada continuamente), ¿sabes? ahora mismo, siento que encajo. Aunque no encontraba mi sitio, aunque nunca he tenido un lugar... ahora mismo, entre el silencio y la luz intermitente de los rayos, me siento envuelta en un algo que hace que me sienta un poco más yo y menos ella. (Ella, la chica de ojos enrojecidos, ojeras amoratadas y aire triste. Ella, la chica apática y pesimista que lo único que quiere es meterse bajo las sábanas y... ahí perderse).
Es cómo si me acabase de encontrar en medio del mismísimo caos.
Qué extraño. Y yo qué aprovechaba los días de lluvia para huir y dejar que esa chica ocupase mi lugar... Ya no le dejaré hacerlo. No quiero más noches así. De idas y venidas. Quiero quedarme, justo dónde estoy. Este es mi sitio.
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Rescatado de mi destartalado cuaderno.
Escrito esta misma noche.


Ojalá hubiese estado en esa portería solo para verte escribir mojada, y para dejarme dar ese beso bajo la lluvia.
ResponderEliminarX.